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    Comentario al Evangelio del domingo, 13 de enero de 2019

El Bautismo del Señor, la fiesta que hoy celebramos, marca el comienzo de la vida pública de Jesús. No sabemos exactamente cuántos años tenía en ese momento. La tradición nos dice que unos treinta. En todo caso, parece ser que Jesús vivió unos cuantos años una vida escondida, sin manifestarse como el Mesías, sin hablar de su misión a los que se acercaban a él, sin diferenciarse en nada de otro judío más de los que vivían en Galilea en su tiempo. 

      Pero, de repente, algo sucede que un día le hace salir de su casa, dejar la tranquilidad del hogar familiar, del trabajo seguro, de la compañía de sus conocidos y familiares, y acercarse a Juan el Bautista. Posiblemente la fama de éste se había extendido ya por toda Judea y Galilea. Predicaba la inminencia de la venida del Mesías e invitaba al pueblo a convertirse de sus malos caminos para prepararse ante su venida cercana. 

      ¿Qué pensó Jesús ante esa predicación? No lo sabemos, pero está claro que ante Juan tomó conciencia de quién era, de cuál era su misión. Se dio cuenta de que había llegado el tiempo de dejar su casa y de salir a los caminos para predicar el Reino de Dios. No fueron las decisiones insustanciales de un niño. Fue una decisión seria y radical de una persona adulta que toma las riendas de su vida y se dirige a donde quiere. Su destino final, la muerte en cruz, no fue un accidente. Fue el fruto de esta decisión de Jesús de poner toda su vida al servicio del Reino.

      El Bautismo de Jesús marca ese momento trascendental, de cambio, que determina el futuro de Jesús. Antes de su bautismo, es seguro que Jesús se dedicó muy seriamente a pensar en su vida, en su misión. Cuando lo vio claro, entonces se decidió. Se presentó a Juan y se hizo bautizar. Y del mismo cielo le llegó la confirmación de su misión: “Tú eres mi Hijo, el amado”. A partir de entonces su vida dio un vuelco total. 

      Nosotros fuimos bautizados de recién nacidos. No fue fruto de nuestra decisión sino de la de nuestros padres. Pero nunca es tarde para pensar si realmente queremos asumir aquel bautismo como nuestro. Para decirlo de una forma simple: ¿Queremos ser de verdad cristianos? Porque no vale la pena quedarnos en la mera mediocridad. Tenemos que tomarnos nuestra vida en serio y no ser cristianos de domingo sino de todos los días y de todas las horas. 

Para la reflexión

      ¿Qué recuerdo tengo de las ceremonias de Bautismo a las que he asistido? ¿Qué pienso de mi propio Bautismo? ¿Qué significa para mí ser cristiano? ¿Basta con ir a misa los domingos, quizá ni siquiera todos, o ser cristiano significa algo más?

Fernando Torres cmf