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3_august5Era un día aparentemente como los demás aquel 5 de agosto de 1872, cuando 15 jóvenes se consagraban al Señor dando vida al Instituto de las Hijas de María Auxiliadora. Para sellar aquella alianza de amor, estaban don Bosco, don Pestarino y Mons. Sciandra.

Aquel primer sí ha sido fecundado en el tiempo por otros sí. Mornese, de aquella nadería que era, se ha convertido en el corazón pulsante de las FMA, la dirección hacia donde dirigir la mirada, el manantial donde renovar continuamente el espíritu para mantenerlo fresco y genuino. Aquel día, queridas hermanas, se expandía por el aire un perfume especial: era el nardo que, machucado, difundía su aroma.

Don Bosco había comparado el nardo con la vida se aquellas jóvenes esposas de Jesús que eran las FMA: cuanto más estrujado, tanto más suave y tonificante es su olor. Nuestro Fundador identificaba así una virtud que debía formar la dote espiritual de las FMA y caracterizar de manera especial la vida de la Cofundadora , Santa María Dominica Mazzarello. La humildad, subrayada también en la bula de canonización de 1951, es el secreto de su fecundidad espiritual, de la eficacia de su testimonio, de la confianza incondicional a María Auxiliadora, de la obediencia en la fe. Que Ella, la primera piedra del monumento viviente de gratitud a la Virgen querido por don Bosco, a 140 años de nacimiento del Instituto nos enseñe a mantener bien brillante nuestra tesela para que muestre los colores originales del carisma, enriquecida por los matices y los reflejos del contexto actual. María Dominica: humilde, interiormente libre y orientada hacia lo Esencial, era mujer de una sola palabra. Recta y coherente es capaz también de hablarnos a nosotras, hoy, Signo del amor preventivo de Dios para las hermanas y las jóvenes de su tiempo, se convierte en signo también para nosotras, flecha que indica el más allá, señal que remite a una plenitud.

 

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