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misionera-2"Llegado el día de la partida, la separación me ha costado mucho mucho; separación de mis padres, de la patria, de la lengua, de todo absolutamente todo; al entrar en el barco de vapor he dicho adiós para siempre: ¡nos encontraremos en el cielo!".

Así sor Maria, escribiendo a su sobrina sor Cándida, Hija de la Caridad, motiva el hecho de no haber vuelto nunca Italia, a pesar de que las Superioras se lo hubieran ofrecido varias veces.

Ha entendido lo esencial de su vida: no lo que hará, sino lo que ofrecerá es lo que dará eficacia a la misión.

Y, fijándose en Jesús en la cruz, como Él y con su fuerza lo entrega todo.

Uno de los aspectos más dolorosos de su vida es precisamente la lejanía de la patria, de la familia, sobre todo de los padres. A menudo aparece en las cartas.

"Queridos míos y recordadísima mamá" - escribe desde Macas el 4 de septiembre de 1931 - ¡Cuánto suspiro por veros, oíros, por hablar con cada uno: mi querido hermano en el que pienso continuamente; mis queridas hermanas y sobrinitos todos. ¡Qué ganas tengo de dar un abrazo a mi querida madre y contarle montones de cosas. Cuando me acuerdo de ella no puedo menos de llorar pensando que está tan lejos. […]. Me consuelo a los pies de Jesús. Una mirada a mi Crucifijo me da vida y ánimo para trabajar."

El apóstol de las gentes, San Pablo, escribió: "También yo, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. (1Cor 2, 1-2).

Sor María en sus 47 años de misión en la selva amazónica ha llenado cada uno de sus días de esta sabiduría y esta experiencia.

Los momentos más duros de su "pasión":

  • la dolorosísima separación de la familia para entrar en el Instituto. Había visto a su padre desvanecerse por el dolor mientras ella partía;
  • la dificultad de la adaptación al entorno formativo de Niza con sus inevitables estructuras, para ella acostumbrada a vivir entre los montes en paisajes llenos de sol;
  • la lucha interior: “he pretendido demasiado ";
  • varias enfermedades, entre ellas el tifus, que ponen en duda la posibilidad de continuar en la vida salesiana;
  • la partida hacia la Selva ecuatoriana a los 39 años, cuando el entusiasmo inconsciente de la juventud ha dado lugar a la madurez que ve con desencanto el riesgo;
  • el viaje al que definir como " arriesgado " no da ni la más pálida idea de la realidad;
  • el impacto con el pueblo de la selva sin conocer su lengua y sus costumbres;
  • la pobreza extrema de los medios materiales;
  • los peligros de un entorno natural agresivo en el que jóvenes vidas fueron segadas por el crecidas de los ríos que tantas veces atravesó para llevar alivio a los enfermos;
  • las desilusiones apostólicas cuando parecía que se había llegado a recoger algún fruto…

Sor Maria quizás no había leído a San Juan de la Cruz, cuando escribe en el "Cántico Espiritual": " Aun a lo que en esta vida se puede alcanza de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho”.

En los misterios de Cristo sor María se adentró a fondo precisamente por la cruz llevada con serena sencillez, sin lamentos, más bien con alegría como los Santos de la Familia, don Bosco y la madre Mazzarello, llegando a escribirles a sus hermanos y hermanas: "Quiera el cielo que alguno de vuestros hijos e hijas sean misioneros; es la mayor felicidad que se puede tener en esta vida" (Carta del 4 de septiembre de 1931).

Su oración "¡Señor, todo por vos! Los sacrificios son inmensos, dadme la fuerza", (27 de diciembre de 1925) revela algo de aquella sabiduría que une su vida a Cristo y da razón y sentido a cada sufrimiento.

En el Proceso, son muchos los testimonios que coinciden en declarar que al alba de cada día sor Maria estaba en iglesia para hacer el viacrucis, oración que le era particularmente querida. De la meditación de la Pasión de Jesús le venía la fuerza para vivir las continuas dificultades de una misión tan exigente.

Es importante recordar que este valor procedía de la familia de. Escribe el 13 de febrero de 1932 desde Macas: ¡He leído y releído su cartita en la que me recomendaba repetir, `fiat voluntas tua” en todas mis penas y dificultades. ¡Qué palabras tan dulces y consoladoras! Sí, mi buena mamá, con estas palabras en mis labios puedo afrontar lo todo, todas las dificultades en mi penosa misión."

“Puedo afrontarlo todo": también la lucha final, la que revela la calidad de su vida, el ofrecerse a víctima.

A primeros de julio del 1969 un incendio desolador provocado por algunas personas de Sucúa destruye la casa de los Salesianos. Es claramente un atentado contra el Padre Juan Shutka por el trabajo realizado a favor del derecho de los indígenas a la tierra. No hay víctimas, pero sor Maria acusa un impacto terrible por este acto criminal. Con su firme autoridad logra evitar la venganza de los indígenas en nombre del perdón cristiano, pero se da cuenta de la gravedad de la situación social.

04En el testimonio jurado de sor Pierina Rusconi, que desde 1967 a 1969 tuvo con sor Maria relaciones de profunda amistad espiritual: "Sor Maria me dijo textualmente estas palabras: - Estas dos razas no se podrán reconciliar sin una víctima que se ofrezca por ellos. Le pregunto si me aconseja ofrecerme como víctima por esta reconciliación -. le dije que no era capaz de darle una respuesta y que era mejor que lo consultara con el confesor" ( Summarium p. 88 § 227.

El 25 agosto del mismo año 1969 sor Maria parte por los Ejercicios Espirituales a Quito con una avioneta de la TAO. Algunos minutos después del despegue, el pequeño avión cae y sor Maria es la única víctima.

"Si el grano de trigo, caído a tierra, no muere, queda solo; en cambio si muere, produce mucho fruto", Jn 12, 24.

Dios es Padre y no quiere la muerte de sus hijos. Pero el mal solo puede ser vencido por quien, como Jesús, el Cordero inocente, detiene la espiral de odio y de violencia cargándola sobre de si por amor. El amor es la cumbre del bien.

Sor Maria ha muerto como ha vivido: en la donación total de si, en gastar la vida por amor

 

 

FICHA 5 - Sor Piera Cavaglia, fma

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