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“La decisión de entregar enteramente la propia vida es don del Padre”
(LOME, p. 66).

a. Optamos por una cultura vocacional:
Donde la joven y el joven, eligen con libertad el camino que va a llenar sus vidas, el seguimiento de Cristo.  
Que requiere la práctica del discernimiento, frente a las opciones de vida, donde la joven y el joven descubren paulatinamente el proyecto que Dios tiene para su vida y, acompañado de una persona adulta, da su respuesta con confianza, responsabilidad y decisión.
Que tiene a la comunidad educativa como medio óptimo para el florecimiento vocacional en la que se viven los valores humanos - cristianos que entusiasman y animan a las jóvenes y los jóvenes a entregar su vida a Dios y a los demás con valentía. Por ello, cada uno de sus miembros viven y actúan conforme los valores propuestos.

b. Optamos por un voluntariado:
Como espacio privilegiado de discernimiento del propio proyecto de vida y hace de cada joven protagonista de su historia, para que encuentre el verdadero sentido de su vida, que sólo se justifica con una vocación de servicio desinteresado y entusiasta.

Que permite a las jóvenes y los jóvenes vivir y compartir realidades distintas a las suyas, respetando la diversidad de pensamiento, convencidos de que quien hace donación de su tiempo y dones, en gratuidad y solidaridad aporta a la transformación de la realidad eclesial y social.

Que amplia el horizonte de vida y le proyecta a otros campos de acción social  a la luz de valores evangélicos que garantizan la justicia y la paz, propuestos también por la comunidad educativa Que hace a la comunidad educativa corresponsable  de la animación y promoción del  voluntariado como experiencia de enriquecimiento personal y social. Acogido y acompañado desde una comunidad de FMA que se esfuerza por vivir su opción vocacional salesiana.